06.02.20-08.02.20
Llegamos a Chaitén. Nos mueve el fuego. El calor que se desató a raíz de la erupción del volcán Chaitén en 2008 hizo desalojar a toda la población del pueblo homónimo. Bajamos del ferry, que nos trae desde Quellón en Chiloé, con un día espléndido. Tras preguntar en el centro de información cogemos un autobús (1100$) con destino al norte y que nos deja en el camping el Volcán. El camping es precioso y es gratuito por lo menos en días de diario.

Asumimos que el campamento estaba cerca del sendero que lleva al volcán. La sorpresa fue mayúscula pues no solo no se encontraba cerca sino que estaba a 8km, unos 3km desde la zona de acampar más 5 km hasta el inicio del sendero. El camino es una subida con un desnivel de 600 metros en 2,2km –solo ida–; muy exigente, la verdad, además de que íbamos con la noche pisándonos los talones. Mereció la pena sinceramente. La siguiente foto no hace justicia pero habla por sí sola.

En el camino conocimos a Hernán, Valentina e Isabel, un padre con sus dos hijas disfrutando de la naturaleza en familia. Personas muy agradables y muy amables. Nos llevaron de vuelta en coche hasta el camping porque se nos hacía de noche ya. Seguimos alucinando con la buena onda que hay aquí. Gracias de nuevo.
El día siguiente es un poco pesado así que nos lo saltamos un poco. Las conexiones por bus desde Chaitén son un poco escasas y nos pasamos el día esperando y esperando para transportarnos. En esa espera conocimos a Juan, un chileno muy gracioso y amable que nos hizo todo más ameno.
Lo más destacado fueron las sopaipillas con pebre y el completo (perrito caliente con aguacate, tomate, pebre, mayo, ketchup y mostaza) que nos zampamos a la vuelta en Chaitén esperando al bus para Puyuhuapi.
En Puyuhuapi cogimos el transfer que nos llevó a las 9:00 am al Parque Nacional del Queulat para ver el ventisquero colgante. Transfer 5000$ y entrada al parque 8000$ chilenos. Como dato, aquí en Chile a los turistas se les dobla el precio de entrada a los parques nacionales.
El sendero del ventisquero son unas 3 horas ida y vuelta y el final, obviamente, es espectacular. Si os coge un día como a nosotros podéis ver esta maravilla.

El transfer nos recogió a las 16:00 así que nos dió tiempo por la tarde para tomar un café y una ducha calentita en el camping La Sirena –muy recomendable–.
Para acabar solo describir un poco Puyuhuapi. Es un pueblo pequeño a las orillas de un fiordo que invita a quedarse unos días. Sus casitas bajas entre montañas hacen que parezca muy acogedor. Los perros callejeros abundan y se acercan a los mochileros en busca de caricias y algún que otro premio. Es base para el ventisquero colgante y alguna actividad más como las termas del ventisquero.















































