27.01.20-28.01.20
Auckland, la ciudad más grande de Nueva Zelanda, nos recibe con el día de Auckland, festivo aquí. Dejamos las cosas en el hostal Queen’s Street Backpackers y damos una vuelta por la zona céntrica. Había un evento en el puerto con motivo de las celebraciones en el que ofrecían muchos juegos, comida y música en directo. Tras una comilona de carácter húngaro con las Orejas de Elefante y un postre no concebido para diabéticos, disfrutamos del concierto de Levi, un cantante maorí y con una voz realmente bonita. Paseamos por el lugar viendo los puestos de artesanía en el The Cloud y luego nos movimos hacia el Albert Park que parecía albergar cosas de interés como la torre del reloj y el mural de las sufragistas. Para nuestro asombro había un festival de música que consiguió cerrar todo el parque. ¿Os lo podéis creer? Un espacio de disfrute público cerrado por un festival de pago. Así pues, nuestro gozo en un pozo.
Después de algunos improperios caminamos hacia un parque en el que tenían una réplica del Moisés de Miguel Ángel y daba acceso a unas galerías muy interesantes.

El paseo sigue en dirección al Auckland Domain. Uno de los lugares más bonitos de Auckland sin duda.

Es el parque más grande de Auckland y allí tienen el museo. Nosotrxs llegamos hasta los Wintergardens en el que habían flores que jamás habíamos visto. Merece la pena ver el patio renacentista.

Una cervecita charlando con un par de neozelandeses y una tortilla de papas en el hostal cierran el día.
El día 28 de enero amanece como otro día cualquiera para muchos. Para nosotrxs es el día más largo que hemos vivido hasta el momento. A caballo entre Nueva Zelanda y Chile, comenzamos a las 9:00 (hora neozelandesa) con una ducha y un buen desayuno a base de tostadas en el hostal, cogemos un vuelo a las 18:00 (hora kiwi) y llegamos a Chile a las 13:00 (hora chilena) del mismo día 28 tras 11 horas de vuelo. Sí, viajamos al pasado. Acabamos en el Tranqui Hostal de Santiago de Chile con una resaca (no de bebida) categórica. Así ha sido; mientras el sol se iba de Nueva Zelanda y la noche avanzaba por el Pacífico nosotrxs volamos contrarios al giro terrestre de tal forma que nos dirigíamos al amanecer de Latinoamérica siendo el mismo día todo el tiempo.
Descripción de un día sin fin
En Auckland, por la mañana, dimos un paseo para ver la catedral y luego fuimos a una biblioteca para ver si conseguíamos pasar fotos a la nube. Comimos en un sitio muy interesante a lo suburbio chino, Food Alley, en el que vendían mucha comida asiática a precios relativamente baratos. Luego en el avión de camino a Santiago de Chile, de cenar, unos canelones vegetarianos con un brownie de postre. De desayuno, un sandwich mixto calentito con acompañante, un yogur.
Llegamos a Santiago de Chile a la hora acordada sino antes. Lo primero que hicimos fue ubicarnos con un mapa que nos dieron en el aeropuerto para ir al hostal. Nuestro alojamiento se encuentra en Providencia, un barrio con vida y bastante seguro. Con el cuerpo un poco descompuesto por el vuelo cogimos un autobús por 3900$ chilenos (~5€) para los dos que nos dejó en Los Héroes cerca de la Plaza de la Moneda. Nos apañamos para cambiar algo de dinero y cogimos el metro. Nos sorprendió el cuidado y lo bien que estaba ciertamente. No se diferencia en mucho al metro de Madrid y además la línea principal que atraviesa Santiago de punta a punta tiene una frecuencia extraordinaria. Así pues, llegamos al metro de la Plaza Inés Suárez a 10 minutos de nuestro objetivo. Os ponemos en situación, son las 15:00 de la tarde de Chile, hace calor y con las mochilas de casi 20kg andando. Imaginaos el cuerpo escombro…
Al llegar al hostal nos recibe una chica muy simpática que se llama Ara y nos cuenta infinitas cosas de Chile y de Perú. Super agradecidos y satisfechos por todos los consejos nos vamos a dormir un rato, sin comer claro aunque sea la hora. Al levantarnos cenamos pizza en un sitio de al lado muy bueno, bonito y barato (5000$ por una buena pizza familiar). Un paseo de reconocimiento y a la camita que estamos reventados.
Hemos querido describir el día para que quede constancia de lo que da de sí el tiempo viajando alrededor del globo.