10.12.2019
Amanecemos en Seaforth, un pueblecito muy chiquitito cerca de Cape Hillsborough. La noche anterior intentamos dormir en el coche cerca de la playa y nos llamaron la atención porque no se podía. Hemos de decir en nuestra defensa que había algún que otro coche con nuestra pinta pero claro, nos tuvimos que marchar.
Al amanecer en Seaforth nos dimos cuenta de que la batería del coche se había muerto. Voló y pasó a mejor vida. No tuvimos nada que ver porque comprobamos que todo estaba apagado.
Para nuestra suerte, al lado de donde nos quedamos había un colegio y unas casas. Haceos a la idea que eran las 5:00 de la mañana en un pueblecito recóndito a un rato de Mackay que es la ciudad próxima más grande.
Cuando eran ya las 6:00 am vimos a una señora de unos 65 años que limpiaba el colegio. Nos facilitó el número del conserje Jason para ver si tenía unas pinzas. Le llamamos pero no lo cogió. Nuestra única baza, la casa.
Al llamar nos atendió una señora muy agradable y nos dijo que su padre que vivía al lado nos podía ayudar. Y así fue, el hombre nos regaló muchas sonrisas, un tupper con mango congelado de su cosecha del año anterior y un arranque de coche de lo más tranquilizador. Al final pudimos llegar a Mackay a Battery Pro (por recomendación del hombre adorable) y nos cambiaron la batería. Por lo visto la anterior tenía 4,5 años y ya le tocaba. Precio de una nueva, 169$.
Después del vorágine conseguimos llegar a Cape Hillsborough. Evidentemente ya no había canguros. Hicimos una la ruta Andrews Point a un mirador y luego comimos allí en la zona de barbacoas.

Al caer la tarde nos fuimos hacia el camping de Country Club for accomodation para recortar camino hacia Bundaberg que es el siguiente destino para ver desovar a tortugas si tenemos suerte.
Crucemos los dedos…