Puerto Madryn y la aventura en forma de dedo

28.02.20-03.03.20

Podríamos describir esta etapa del viaje como una de las más excitantes, frenéticas y maravillosas hasta el momento.

Nuestro objetivo es salir de Ushuaia en dirección a Río Gallegos para poder tomar un autobús que nos lleve a Puerto Madryn. En nuestro viaje hemos conocido a mucha gente fabulosa y aventurera. Siempre que hablamos del transporte surge el tema de hacer autostop o dedo como lo dicen aquí. Nuestra primera reacción ante esto es el miedo pero acabamos sintiendo mucha curiosidad. Los más intrépidos nos alientan habitualmente y nos dicen que no hay peligro alguno –sobre todo por la Patagonia–.

Así pues esta es la historia de cómo llegamos a Río Grande –nos quedamos a las puertas de alcanzar Río Gallegos–, haciendo nada más que dedo.

Nos levantamos bien pronto y María, nuestra anfitriona, nos deja a la salida de Ushuaia. Hay más probabilidades de coger a alguien que vaya en dirección a las afueras. Los policías del control de entrada y salida nos piden los pasaportes para tener el registro por si acaso. Así que allí estamos, a la salida del pueblo con los petates y con un cartel que indica lo siguiente:

1. Río Grande. 2. Río Gallegos

Tras un par de horas de hacer payasadas, tonterías variadas y pasarlo en grande mientras poníamos el dedo, un buen samaritano nos cogió. Su nombre lo mantendremos en secreto. Nos dijo que solo nos podía acercar hasta Tolhuin, que no llegaba más allá. Nos contó muchas historias de sus 5 hijos y de su mujer. Nos recomendó cosas para hacer en Paraguay si finalmente decidíamos pasar desde Iguazú y nos amenizó con historias de camioneros. Fue muy agradable el recorrido y nos hizo confiar más en esta modalidad de transporte autogestionado y altruista.

Nuestra primera andadura a dedo. Llegamos a Tolhuin

Nos toca por lo tanto sacar de nuevo el dedo. Ahora lo hacemos en otra gasolinera de Tolhuin mientras comemos chipas, unas bolas hechas a base de maíz y rellenas de queso fundido. Nos recogen dos mujeres, una madre y una hija. Los nombres nos los reservamos también para preservar su identidad. La conductura y madre es paraguaya. Es una mujer dicharachera, simpática y con muy buen humor. Ella va a trabajar a Tolhuin desde Río Grande varias veces en semana para hacer tareas de limpieza. Para que os hagáis a la idea es como si fueras desde Getafe hasta Segovia en coche, más o menos una hora de trayecto. Nos reímos muchísimo mientras nos contaba miles de historias de sus compañeras de trabajo y como se las ingeniaban cuando rompían algo dentro de las casas que limpiaban. También nos sobrecogió con la historia de su vida y el maltrato que sufrió de su marido. Es sorprendente las ganas de vivir y de superarse de ciertas personas. Además, pese a la desconfianza que puede generar una vivencia así, recoge a dos pobres mochileros de la carretera. Una auténtica heroína y luchadora. Agradecemos desde aquí la ayuda que nos facilitó de manera desinteresada.

Ya en Río Grande por la tarde, hacia las 15:30 nos recoge Xavi en una gasolinera de Río Grande y nos acerca más a la salida de la localidad, ya a pocos kilómetros del paso fronterizo con Chile. Se nos agota el tiempo. A medida que avanza el día cruzar la frontera es más complicado. Además hay un ferry que coger para pasar el estrecho de Magallanes y complica la situación.

Tras unas horas intentándolo nos dimos por vencidos y buscamos un AirBnB para dormir en Río Grande. Cogimos un bus delante de un centro salesiano e intercambiamos vivencias con el conductor y un compañero suyo.

Al día siguiente tomamos un autobús que nos lleva a Río Gallegos y posteriormente otro que nos lleva a Puerto Madryn pasando por Comodoro Rivadavia y Trelew. Así finaliza nuestro periplo autoestopista del momento.

Cris en plena aventura

Puerto Madryn

Arrancamos el mes de marzo con otra hazaña en nuestra experiencia personal. Nunca antes habíamos hecho couchsurfing y teníamos ganas de probar. Contactamos con varias personas pero después de todo hablamos con Pablo más en profundidad y demostró ser desde el primer momento el anfitrión perfecto.

Así pues llegamos a Puerto Madryn en un día soleado y acudimos a la costanera o paseo marítimo a la oficina de turismo. Pablo nos comentó que nos recogería más tarde así que decidimos informarnos sobre los tours que se organizaban para ir a Península Valdés, una reserva natural protegida en la que conviven muchas especies que está a una hora y media. Después de una larga búsqueda, determinamos que iríamos con Categoría Patagonia. Nos hicieron precio por tener el grupo casi copado así que nos salió por 3000 pesos cada uno (~50€).

Playa de Puerto Madryn

Tras una cervecita y más chipas –nos encantan estos tentempiés– Pablo y Nadia nos recogieron por la tarde y nos llevaron a su casa. Allí conocimos a los otros dos integrantes del cuarteto, Rufo y Preta, sus dos perros adorables. Dispusimos todo en la habitación que nos reservaron en su hogar y charlamos largo rato sobre nuestras experiencias. Pablo también había hecho couchsurfing antes y junto a Nadia ya habían acogido a más gente en Buenos Aires, donde vivían antes.

Cuál fue nuestra sorpresa cuando decidieron arrancarse con un asado típico argentino para invitarnos en nuestro primer día. No podíamos estar más asombrados ni más agradecidos por la generosidad argentina.

Para aquellos interesadxs surge la pregunta, ¿cómo es un auténtico asado argentino?

Ellos han optado por asar «vacío» (carne vacuna de la parte de las costillas), chorizo de vacuno riquísimo y morcilla. Cada cual escoge lo que quiere de carne. Aquí todo argentinx sabe perfectamente asar cualquier tipo de carne y corte desde bien pequeñx –es algo cultural y lo absorben como esponjas–.

La carne entonces se hace en el chulengo (termotanque modificado para hacer de barbacoa). Primero se hacen las ascuas en un chulengo más pequeño y se van añadiendo al grande. Lleva más de una hora y de dos asarlo así que invita al debate y compartir vivencias mientras se bebe cerveza y se picotea.

Finalmente la pieza queda crujiente por fuera (concretamente a la piel la llaman cuero) especiada con chimichurri (no la salsa, solo con las hierbas que conforman el chimichurri). Todo se adereza al gusto posteriormente con salmuera, salsa criolla o chimichurri (esta vez la salsa).

Como tradición los argentinos comen sobre tabla de madera y utilizan cuchillos propios y personalizados (cada uno el suyo). Nosotros comimos con los cuchillos heredados del abuelo de Pablo. Todos llevan su funda propia y si se van a otras casas a comer asado, ellos como costumbre, se llevan el suyo. Al finalizar el banquete el cuchillo solo se limpia con pan o no se limpia. Se permite en caso extremo limpiar con agua tibia no con caliente.

Península Valdés

Lobería de Península Valdés

Seguimos avanzando, hoy toca ir a Península Valdés. Nos recogen en la puerta de casa y conocemos así a Mauricio, nuestro guía particular. Somos un grupo de 7 en un trayecto largo y él ameniza muy bien todo el recorrido explicando todas las curiosidades de la fauna del lugar.

La Península Valdés es una reserva natural protegida que se halla al este de Madryn y está casi seccionada del continente. Su acceso lo permite el istmo de Ameghino. Tiene una gran biodiversidad y es Patrimonio de la Humanidad.

Nuestra experiencia aquí ha sido maravillosa y muy educadora. Hemos visto muchos animales, entre ellos, lobos o leones marinos, orcas, elefantes marinos, pingüinos magallánicos, lechuzas patagónicas, maras (una especie de liebre de la Patagonia), zorros, choiques (un tipo de ñandú pequeño), …

Al volver de la Península fuimos a sacar dinero e hicimos algo de compra para invitar a nuestros anfitriones a una buena comida española con tortilla española y pisto manchego.

Nuestros inolvidables anfitriones y la comilona a la española

A la mañana siguiente fuimos en bici a dar un paseo matutino por el paseo marítimo y a bañarnos en la playa. Nos hizo un día espectacular y pudimos disfrutar del Atlántico argentino. No estaba especialmente fría para como acostumbramos en Galicia. Una mañana para recordar toda la vida por la tranquilidad y por volver a coger una bici en mucho tiempo.

Una idílica mañana rn Puerto Madryn

Por la tarde Pablo nos mostró más en profundidad Madryn. Fuimos a Punta Loma, Playa Paraná, playa del pozo y cerro avanzado. Los paisajes pálidos de sedimentos al lado del mar se extienden a lo lejos con gente en las playas disfrutando de asados vacacionales.

Estuvimos paseando por las rocas desnudas que dejaba la bajamar formando restingas. Gozamos del sol mientras caía lentamente por el oeste y la brisa marina nos acariciaba. Allí nos hicimos una foto para la posteridad con nuestro gran amigo Pablo.

¡Nos veremos de nuevo!

Para cerrar esta gran historia de amistad fuimos a Pizza Black. Un restaurante frecuentado por Pablo y Nadia con unas pizzas extremadamente ricas. Nunca antes probamos pizzas así. Fue un momento muy agradable que terminó con la cata del gran Fernet Branca con cola (una bebida muy típica de Argentina).

¡Hasta otro post!

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