24.02.20-27.02.20
Nos levantamos bien pronto en el Camping Güino. El autobús al Fin del Mundo es tempranero, sale a las 7:00 de la estación Rodoviario de Puerto Natales. Sale por un pico, 43000$ (~53€) tienen la llave del paso fronterizo y del ferry que cruza el estrecho de Magallanes por la Bahía Azul.
Llegamos bien tarde a Ushuaia y nos recoge María, nuestra anfitriona de AirBnB. María es una bomba frenética y sobre todo muy buena persona. Por no subir las cuestas que nos esperaban, con los petates hasta los topes, ella nos llevó a su hogar. Una cama doble muy bien dispuesta se encontraba al fondo de la casa. Imaginaos nuestra cara al llegar después de un mes durmiendo en camping. Íbamos a pasar 4 noches durmiendo a pierna suelta y en un colchón. Todavía casi soltamos una lagrimita recordándolo.
El día 25 de febrero nos llevamos un chasco porque estaba todo cerrado –incluso los museos que nos dijeron que abrían–. Aquí este día es fiesta o feriado debido a que es carnaval. Además no acompañaba el clima que decidió mojarnos un poquito. Día pues de ir a la compra por suerte, de buscar información turística y de pasear lo que pudimos.

A destacar dos cosas: quedamos con Alfonso, un madrileño que es guía de montaña que conocimos en el autobús y la compra del libro Hain de la cultura Selk’nam de la editorial Pehuen. El libro de los Onas o Selk’nam lo llevábamos persiguiendo desde Puerto Natales ya que habla mucho de estos indígenas tan curiosos. Con Alfonso cenamos en Doña Lupita, una pizzería muy buena recomendada por una buena amiga. No nos extenderemos en los detalles de la conversación con Alfonso pero solo decir que es una persona con mucho mundo, muy simpático y que nos enseñó cómo se vive de guía trotamundos.
Tras reponer energías descansando en casa de María, toca andar por el Parque Nacional de Tierra del Fuego. Decidimos hacer la ruta costera empezando en el correo del Fin del Mundo donde mandamos alguna postal a la familia y nos hicimos una foto con el bien pertrechado cartero.

La ruta comprende 8km que bordean la Bahía Lapataia y desde la cual se divisan los montes chilenos. Nos quedamos boquiabiertos viendo los albatros volando mientras hicimos una parada para comer.
María nos recogió a las 18:00 y nos mostró lo restante del parque: el lago Roca o Acigami, el final de la RN3 que es la carretera al Fin del Mundo, la Laguna Verde y la salida de la Bahía Lapataia al mar. Cris se marcó un pisto manchego al llegar a casa que nos sentó fenomenal.

Un poco más de trote para iniciar el día siguiente. Queríamos ver el Glaciar Martial que la verdad de glaciar solo tiene el nombre. Desde la ciudad se puede llegar a pie. Al llegar arriba lo mejor eran las vistas de la ciudad con el canal Beagle de fondo extendiéndose hacia el sureste. Nos estuvo nevando toda la subida pero nos respetó para poder echar alguna foto.

Por la tarde fuimos a la Casa Bevan que se utiliza como museo y casa cultural y, a cambiar algo de dinero. Para los que vengan a Argentina, Western Union funciona muy bien para el cambio monetario. En cualquier lugar donde haya movimiento de divisas como en los supermercados grandes suele haber una sucursal.
Con este pequeño consejo cerramos este post.